Frontera Tijuana

Es un muro de laminas de hierro envejecidas, a veces una simple malla de alambre. Más allá de este muro, una tierra de nadie de unos metros de ancho, a continuación, otra barrera. Más alta y más sofisticada, con cámaras y detectores de movimiento infrarrojos, esta barrera es sobrevolada por helicópteros y ahí circulan los vehículos de vigilancia de la policía anti-inmigración de los Estados Unidos. Esta valla trata de impedir la entrada a los EE.UU. Dividido en tres secciones, ese muro mide 1.120 kilómetros de largo, un tercio de la frontera que va de California a Texas. Para muchos Sur americanos, esta pared es la barrera a una mejor vida del otro lado, en los Estados Unidos. Miles de inmigrantes ilegales intentan cruzar cada año. Muchos son rechazados, otros son menos afortunados, 10.000 inmigrantes han muerto en 20 años intentando pasar clandestinamente. La frontera entre México y los Estados Unidos es sin duda una de las más peligrosas del mundo, particularmente en el área del desierto de Sonora en el sur de California. Termina aquí en Tijuana, o más bien en la playa de esta ciudad, en el Océano Pacífico, en el extremo noroeste de México. Esta playa la corta el muro de barras de hierro, que se sumergen en el mar a unos cuantos metros de la orilla. Una pared de metal oxidada por el tiempo, la sal y la intemperie, una pared que se deteriora, que se desintegra, pero que cada vez restauran para perpetuar la infamia. En algunas partes hay cruces con los nombres de aquellos que murieron tratando de cruzar, también ataúdes recordando el número de muertes en el año. Porque al final de este muro artificial comienzan las paredes naturales, aún más largas y más implacables: los ríos tumultuosos, los desiertos helados y calientes donde familias enteras, niños, mujeres y hombres mueren cada día ahogados, agotados, de deshidratación o frío. Ante la indiferencia del gobierno de los Estados Unidos y con la complicidad del gobierno mexicano, que simplemente hace simulacros de protesta, existen asociaciones que organizan, delante de esta pared, manifestaciones y eventos culturales, como ese del hombre bala propulsado simbólicamente por encima de la frontera. Para algunos, el sueño americano termina aquí en Tijuana, sin dinero, expulsados varias veces del país vecino, se refugian en las drogas. Mientras otros, también expulsados, acuden a los pocos hogares para inmigrantes presentes en Tijuana. Estos hogares los acogen, les dan consultas medicas, comida y una cama para unos días. Y como la desesperación es siempre más fuerte que el miedo, vuelven y tratan de nuevo pasar al otro lado.